sábado, 21 de agosto de 2010

De tal palo, tal astilla... ¡Qué tal farsa!

Desde tiempos remotos, el pueblo colombiano es golpeado por los repudiables azotes del narcotráfico y por las incesantes flagelaciones de las guerrillas. En los años 90, el terror, la violencia y la desgracia tomaron forma, cuerpo e imagen, todas aquellas cualidades negativas, oscuras e incluso nocivas se trasladaron a un solo hombre: Pablo Escobar, uno de los narcotraficantes más temidos, odiados y repulsivos de la historia colombiana.

Justamente en Noticias de un secuestro del genial Gabriel García Márquez, uno puede ser una especie de testigo de toda aquella maldad que victimizó a una serie de personajes influyentes de la nación colombiana, una maldad cuyos hilos eran movidos por el temido Escobar, el que no descansó hasta que él mismo lo hizo. Pero las casi 400 hojas de lectura, sabrosa y amarga a la vez, parecen quedar cortas para explicar una guerra que duró muchos años.

Tal vez por ello y en un afán de mostrar el otro lado de la historia, es que nace “Pecados de mi padre”, un documental recientemente producido por Nicolás Entel, que relata lo que le tocó vivir a quien estuvo al lado de la maldad hecha hombre y que, sin embargo, ese oscurantismo que lo acompañó desde antes de nacer no trastocó su alma. El hijo del mal recordado Pablo Escobar, Sebastian Marroquí, una víctima más de su padre, que se vio en la necesidad de cambiarse de apellido, para -tal vez- levantarse, en parte, la carga de ser quien es, el hijo del hombre que no solo dañó a decenas de familias colombianas, sino que también arremetió contra todo un pueblo entero.

Trailer "Pecados de mi padre": http://www.youtube.com/watch?v=4NgHJW30Zzw

Cuando las aguas queman

Hace varias semanas, un nuevo acontecimiento remeció la opinión pública. El caso se ha tornado sumamente polémico, gracias a la singular facultad interpretativa (de ley) de algunos jueces y fiscales de nuestro Poder Judicial.

Se trata del caso de Julio César Salirrosas, el individuo que le echó agua hirviente a su esposa Elizabeth Alanya, pues ni su accionar ni las graves quemaduras de segundo y tercer grado, que le ocasionó a su víctima, parecen ser suficientes para que las “autoridades” competentes tomen una debida acción al respecto.

En un reportaje emitido por el programa televisivo Prensa Libre -el 19 de este mes-, Elizabeth Alanya se atrevió a mostrar ante cámaras su rostro -en cuya piel aún permanecen las huellas de la terrible agresión que sufrió- lo hizo en voz de protesta, a fin de que los jueces y fiscales que “estudian” el caso se den cuenta de que su cónyuge no merece muestras de consideración o, mejor dicho, de impunidad. Puesto que, Salirrosas será procesado solamente por haberle ocasionado lesiones “leves”. Sin embargo, el tipo penal de intención de homicidio ni el de omisión de socorro –presunta y curiosamente- no encajarían en el accionar del agresor. “¿Acaso el agua caliente mata?”, dijo –muy suelta de huesos- la fiscal (que a su vez “analiza” el caso) Liz Benavides en una conferencia de prensa emitida por el mencionado programa de TV. Esta "letrada" representante de la Fiscalía Provincial de Lima considera que una olla de agua hirviendo no ocasiona la muerte, y que por ello Salirrosas no puede ser procesado por el tipo de intención de homicidio, a pesar de todas las complicaciones de salud que aquejan a Alanya.

Una respuesta y un proceso que deja mucho que desear, ya que hace sentir que en nuestro país seguimos contaminados por un aire de impunidad atroz. Un ambiente en el que no se percibe justicia y que cuando llega puede ser demasiado tarde. Una muestra de que, como dice el conocido dicho, en el Perú todo puede pasar.

Fuente: Reportaje de Prensa Libre emitido el 19 de agosto.