El pasado 5 de agosto 32 mineros chilenos y uno boliviano quedaron atrapados a 622 metros bajo tierra en la mina San José de la ciudad chilena de Copiapó. Sin embargo, a pesar de que las circunstancias para un rápido rescate no eran favorables; el gobierno chileno, las Fuerzas Armadas y sector privado iniciaron una compleja labor en conjunto, cuyo objetivo principal era rescatar a los compatriotas de las profundidades de dicho yacimiento.
La efectividad de la Operación “San Lorenzo”, tal como se denominó al proceso de rescate de los 33 obreros, ha sorprendido al mundo entero, puesto que todos los trabajadores pudieron ascender sin dificultades a la superficie en tiempo récord, mediante la cápsula Fénix 2.
El tiempo programado para culminar con el rescate era de 48 horas, según lo afirmó el ministro de Minería, Laurence Golborne. No obstante, el proceso se aceleró conforme pasaban las horas y concluyó en poco más de 22. Una situación que mantuvo en vilo a una nación y planeta entero.
Es innegable que Chile ha demostrado ser un país unido, perseverante y solidario, una nación que ha dado una lección ejemplar a sus vecinos sudamericanos y a los otros países del mundo.

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