sábado, 11 de septiembre de 2010

Perú, ¿primer mundo?

Según el último informe de la Cepal, nuestro país se encuentra entre los que presentan mayor crecimiento económico en América Latina. Esto se debería en gran proporción al incremento de las exportaciones de nuestra materia prima. Sin embargo, para que el Perú tenga, al menos, verdaderas esperanzas de pertenecer al primer mundo, tendría que pasar por una serie de procesos.

En primer lugar, no basta con tener un crecimiento económico, sino también es de suma importancia contar con un desarrollo económico estable; es decir, una justa redistribución de riqueza, ello se consigue aplacando –de la mejor manera- la lacra de la corrupción. En segundo lugar, aquellos países con altas posibilidades de salir del tercer mundo, han aplicado reformas políticas económicas sustanciales para atraer el capital extranjero, lo que ha exigido a esos gobiernos dejar de lado las tentadoras medidas populistas y pensar más en el bien del país en conjunto, abandonando los intereses particulares.

Cabe resaltar, que el crecimiento económico tiene que ir acompañado con una serie de aspectos, tales como el político, el social y el educativo.

Hay que ser conscientes de que las grandes trasnacionales buscan, primordialmente, invertir en países que les ofrezcan alta capacidad de producción, a bajo costo. Sin embargo, para que un país lo logre (teniendo en cuenta la calidad) es necesario que invierta en educación, ciencia y tecnología. De esta manera, se contará con capital humano calificado y capaz de producir bienes en función a la demanda de las grandes empresas privadas.

Precisamente, hago énfasis en las inversiones de capital extranjero, porque esta alternativa propicia empleabilidad y con ello reducción de la pobreza. Vivir de las exportaciones de las materias primas no es suficiente. Ante el fenómeno de la globalización hay que tomar en cuenta el modelo de la Unión Europea y de la Asociación de Países Asiáticos. Para surgir como primer mundo es indispensable aliarnos con otras economías, que nos presente como un bloque latinoamericano maduro (con reglas de juego incluidas y capaces de dejar de lado nuestras diferencias ideológicas para pensar en el bien común) ante los ojos del capital extranjero. De esta forma, seremos atractivos para la inversión, incrementará la empleabilidad y reduciremos la pobreza. Solo así, tendremos verdaderas y lógicas razones para pensar en pertenecer al primer mundo.

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